Arturo Ripstein y sus primeros pasos en el cine

 

Arturo Ripstein, autor de obras como Principio y fin, El castillo de la pureza, Profundo carmesí, El lugar sin límites, entre otras, es uno de los cineastas mexicanos de mayor resonancia en el ámbito cinematográfico nacional.

A pesar de sus querellas legales con Jorge Ayala Blanco y de la polémica que éstas generaron alrededor de su calidad como realizador, es innegable que Ripstein es un apasionado del séptimo arte y un tipo que nos ha regalado buenos momentos en muchas ocasiones.

La vocación cinematográfica de Ripstein no es casualidad. Su padre, Alfredo Ripstein, fue uno de los productores de cine más reconocidos de su tiempo –basta con recordar su trabajo en El callejón de los milagros para darse una idea de su relevancia–.

Alfredo Ripstein comenzó su carrera como productor en 1942, con la cinta El baisano Jalil –sí, ya sé, el título de la película es el más horrendo y desagradable del cine mexicano–. Un año más tarde, en diciembre de 1943, nació Arturo Ripstein.

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Así, el cineasta que hoy nos compete se vio envuelto en el seno cinematográfico desde su nacimiento hasta la actualidad.

Por ello y por la enorme experiencia adquirida a través de los años, hoy se ha convertido en una voz autorizada para toda persona que busca iniciar su camino en la realización audiovisual.

En la entrevista siguiente, dividida en dos partes –que forman parte de la serie Cinema 20.1, emitida por TV UNAM–, Roberto Fiesco platicó con Ripstein acerca de su trayectoria y de sus primeros pasos en el séptimo arte.

Es un documento muy interesante en donde, quizá, más de uno podría encontrar la inspiración necesaria para empezar a levantar sus propios proyectos y/o encender su curiosidad por saber más acerca del cine en general.

PARTE 1

PARTE 2

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