Deus ex máchina: qué es y por qué (casi) nunca debes usarlo

 

Para no darle muchas vueltas al asunto, recurriré al Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia Española (RAE). Sí, ya sé que generalmente la RAE le caga a todo mundo, pero en esta ocasión ayuda a entender el concepto de “deus ex máchina” con bastante claridad. Aquí va:

 

deus ex máchina. Loc. lat. (pron. [déus-eks-mákina]) que significa literalmente ‘dios [bajado al escenario] por medio de una máquina’. Hace referencia a un artificio del teatro griego que consistía en hacer descender sobre la escena, por medio de una tramoya, a un dios que resolvía felizmente la situación.

 

 

Básicamente, un wey llegaba en pleno clímax de la historia y resolvía la situación con su poder divino. Debido a las creencias de la época, nadie se sorprendía por el asunto y el recurso era válido.

Hoy no se recurre a la llegada de un dios, generalmente, pero sí se hace uso frecuente de la casualidad –ocurre, sobre todo, en obras creadas por escritores con poca experiencia–.

A este uso de situaciones, personajes u objetos que por casualidad resuelven confictos en una historia se le conoce como “deus ex máchina”.

El problema es que, actualmente, este recurso ya NO es válido.

Nadie se cree que la rosa de Guadalupe apareció y salvó a Juan Pérez de su adicción a las drogas. Nadie se cree que Juan Pérez saltó por la ventana y cayó sobre una pila de colchones ultra cómodos. Nadie…

Bueno, se entendió la idea.

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Un “deus ex máchina” hace que los hechos narrados pierdan verosimilitud y caigan en el absurdo; hace que la empatía entre el público y el relato se diluya, pues termina por desnudar el artificio de la ficción.

Por eso debes evitarlo y trabajar con los huecos argumentales que encuentres en tu narración, para nunca tener que recurrir a una solución sacada de la manga.

 

Para concluir, debo agregar una excepción. Un “deus ex máchina” sólo está permitido –y de hecho se utiliza comúnmente– en la comedia. Sucede así por las características propias del género. En éste se permite el absurdo, entonces el recurso funciona a la perfección.

El primer ejemplo que me viene a la mente –no pregunten por qué– es la historia de una canción de Los Liquits que dice así:

 

“- Yo quiero subir al cielo.

En mi planta de chícharos mágicos,

Lo único malo es que no tengo

Agua de frutas natural.

[de pronto pasa un ñor y dice]

– ¡Vendo agua de frutas natural!

¡Vendo agua de frutas natural!”

 

¿Ven? Es imposible que algo así ocurra, pero la canción, de tono cómico, puede permitirse el uso de un claro y conciso “deus ex máchina”.

Hasta aquí mi reporte.

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