El Guion vs. Los Adjetivos

  • ¿De qué murió?
  • Sobredosis…
  • Le advertí que tuviera cuidado con los adjetivos, nunca quiso escucharme…

Así es. Un guion cinematográfico puede morir por exceso de adjetivos. No, más bien por el uso inapropiado de los mismos.

Un guion es un libreto que conduce las acciones de una producción audiovisual; por ello, en palabras de Guillermo del Toro, todo lo que ahí se escriba “debe ser comprobable por la cámara y/o por el micrófono”.

Te puede interesar: Verbo mata carita: el formato del guion

Entonces, tanto las acciones como las características de los personajes y su entorno deben ser narradas de forma clara y concisa; de manera que puedan ser representadas, sin dificultades, frente a la cámara.

Es común que, en una ráfaga de inspiración, este principio se olvide y las líneas comiencen a saturarse de adjetivos que entorpecerán la realización de la película. Del Toro pone un ejemplo: “Juan, agobiado por su pasado, del cual no puede desprenderse, entra al cuarto”. En la pantalla veremos a Juan entrando al cuarto. Su pasado no nos interesa, en términos prácticos, así que no tiene caso mencionar que está “agobiado” y, además, contar las causas de su agobiamiento. En todo caso, habría que narrar acciones que sugieran el estado de ánimo del mentado Juan.

Este fue el primer síntoma de adjetivitis aguda, pero hay otro. En alguna ocasión, Jorge Ayala Blanco propuso un ejercicio: imaginar una escena en donde un hombre corrupto se suicida.

Todo mundo pensó en un montón de planos: flashbacks del tipo recibiendo sobornos; insertos de fajos de billetes; el suicida en primer plano con lágrimas en los ojos, y muchos más.

Al final, algunos presentaron sus resultados (muy bonitos, por cierto) y la cosa terminó con la proyección de la misma situación, pero resuelta por Fritz Lang. La primera escena de The Big Heat (1953) inicia con un close-up a una pistola que está sobre un escritorio. Una mano entra a cuadro, toma el arma, la levanta y suena el balazo.

¡Órale! ¡Qué chingón el Fritz! ¿Por qué pudo resolverlo de manera tan simple? Porque no se enfrentó al temido adjetivo. Un hombre se suicida no es lo mismo que Un hombre corrupto se suicida. El simple hecho de escribir la palabra “corrupto” obliga al realizador a justificarla de mil maneras.

Y lo de la corrupción se descubre más adelante en la película, no hay necesidad de adjetivizar al personaje.

Antes de extenderme más, iré al grano. En el primer caso hay un adjetivo que no se puede grabar y, por lo tanto, no tiene lugar en la escritura de un guion. Debe ser eliminado.

En el segundo ejemplo, el adjetivo motivó la aparición de demasiados elementos que, además de ser innecesarios para el desarrollo de una trama como la de The Big Heat, hacen que los costos de producción se eleven considerablemente. ¡Nos salió caro el cabrón adjetivo!

Así que, si no quieren que su guion muera de sobredosis, hagan uso responsable de los adjetivos.

¡Vamo a practicar! Nos vemos en el Festival.

Por: Fernando Valdez

Síguenos en: @Filmadores