Guillermo del Toro me mandó a ver Burning

Hace algunas semanas, en Twitter, Guillermo del Toro le echó flores a Burning (2018), un filme del surcoreano Chang-dong Lee que estuvo nominado en varios festivales internacionales en la categoría de Mejor Película.

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Así que me lancé a verla al Centro Cultural Universitario (formó parte de la programación del FICUNAM 2019) y aquí les voy a contar algunas cosas que me dejaron con el ojo cuadrado.

Burning cuenta la historia de un joven desempleado, Jong-su, que se encuentra por casualidad con una amiga de la infancia, Haemi. Comienzan a frecuentarse, se vuelven amigovios (¿o cuál es el termino que usa la chaviza?) y todo va muy bien hasta que Haemi se va de viaje. Jong-su promete cuidar a su gato mientras ella no está y se apropia, sentimentalmente, del departamento de la chica. Cuando Haemi vuelve no está sola, la acompaña el estúpido y sensual Ben (interpretado por Steven Yeun o Glenn, para muchos). Esto detona tensiones e intrigas que guían el desarrollo de la película (hasta aquí los spóilers).

Y es precisamente la forma de generar la tensión lo que distingue a Burning. Noël Burch (1970) propuso un modelo para estudiar las funciones narrativas del espacio en el cine. Hablaba de espacio concreto y espacio imaginario para referirse a los elementos en campo (lo que se ve en la pantalla) y los elementos fuera de campo (lo que no se ve; lo que ocurre en off).

En esta película, Chang-dong Lee (tenía que ser asiático) llevó al extremo la polarización entre lo concreto y lo imaginario. Salvo algunas excepciones (un incendio majestuoso antes los ojos de un niño; los sensualísimos movimientos de la danza de Haemi a contraluz; y el final), los elementos que conducen al espectador son aquellos que no aparecen en cuadro y que tampoco suceden en off (ah caray, eso sí me interesa).

Las intrigas se sugieren, los personajes inventan historias, etc., pero los elementos esenciales son aquellos que parten de las suposiciones de la audiencia. Es decir, para definir la narrativa de Burning, tendríamos que añadir un espacio más, ya que lo concreto y lo imaginario funcionan de manera secundaria. Es el espacio real, el espacio receptivo, la conciencia de la audiencia. Es cada sujeto sentado en una butaca el que tiene que contarse su propia historia.

No es casualidad, entonces, que Jong-su dedique su vida a la escritura de ficción (se dedica a imaginar) o que Haemi sea una aficionada de las pantomimas (el juego de fingir). En un momento, le pide a Jong-su que imagine que hay una mandarina en su mano, que la desgaje y que se la coma: “No te concentres en lo que hay, concéntrate en lo que NO hay, y entonces podrás saborear la mandarina”. En el filme, si te concentras en lo que hay, podrías incluso quedarte dormido, el ritmo es muy lento; si te concentras en lo que NO hay (se trata de hacer cientos de suposiciones ante la falta de elementos en campo), podrás seguir el hilo de la historia y sacarle el jugo a cada gajo.

Por: Fernando Valdez

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