Once Upon a Time in Hollywood, una obra incomprendida

 

Once Upon a Time in Hollywood es una película muy extraña. Cuando fui a verla, salí del cine muy emocionado. El simple hecho de ver a dos actores que ya han marcado una época, DiCaprio y Brad Pitt, me hizo disfrutar de la cinta. A esto podría añadir momentos increíbles como el coqueteo entre Cliff y una de las jóvenes mansonianas; las poderosas conversaciones entre Rick y la niña actriz; y el sangriento clímax que reivindica el destino de Sharon Tate y el movimiento hippie de los 60’s; entre otros.

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Todo este coctel de emociones y escenas muy bien logradas me hizo pensar: “wow, qué chido estuvo este pedo”.

Sin embargo, al día siguiente comencé a asimilar lo que había observado en la pantalla y leí algunas críticas que amigos, conocidos y otras personas escribieron sobre la película. Muchos coincidían en algo: “mucha paja, muchos momentos vacíos”. Básicamente destrozaban a Tarantino por haber entregado una cinta de casi tres horas en donde se desarrolla una historia que bien podría plasmarse, según ellos, en un cortometraje.

Así que empecé a entrar en este círculo de amor y odio con Once Upon a Time in Hollywood y no tardé en pasarme al lado oscuro. Pensé: “tienen razón, en la película no pasa nada y uno se gasta tres valiosas horas de su tiempo”.

No lo van a creer, pero esta historia no acaba aquí. Unos días más tarde, me encontré con un amigo –probablemente un emisario enviado por las musas para aclarar mis ideas sobre este extraño caso– y me dijo que le había encantado Once Upon a Time in Hollywood.

Estuvimos discutiendo un rato y, de pronto –hola, Dios, soy yo de nuevo–, me di cuenta de que me había convencido. La novena cinta de Quentin Tarantino es una gran película. Sin embargo, a pesar de ser una obra mayúscula, es una obra incomprendida.

Al menos yo necesité de este amigo para asimilar por completo el filme. Cabe aclarar que esta persona no es ningún mamador o fan exacerbado de Tarantino, ni nada de eso. Pero ése es otro tema.

Ahora bien, lo que me llevó a amar nuevamente la película fue la siguiente afirmación: “Once Upon a Time in Hollywood es una ‘hangout movie’”.

Una ‘hangout movie’ es una película que no procura entregar una trama que se desarrolle secuencialmente. Es decir, no es como cualquier contenido anecdótico que te lleva del punto A al punto B sin detenerse en el camino.

Básicamente, la atracción principal de las cintas enmarcadas en este subgénero son los personajes; y no la interacción de estos con el mundo que se muestra en la película.

Por ejemplo, en Once Upon a Time in Hollywood seguimos a Rick Dalton de manera personal. Lo vemos sufrir, somos cómplices de sus monólogos –que nos introducen a los problemas que tienen lugar en su mente: sus frustraciones, sus ambiciones, etc.– e incluso visualmente lo seguimos sin distracciones: muchos primeros planos y pocos planos abiertos.

Pasa lo mismo con Cliff Both y Sharon Tate. Lo que hace la película es presentarte a estos personajes de manera casi independiente. No hay un asunto general que se va fraguando, sino personajes muy particulares que son el centro de atención de la cinta.

Por supuesto, luego viene el clímax tarantinesco que cohesiona los pequeños guiños que aparecieron durante la cinta y todo concluye con la reivindicación que antes mencioné.

¡Una ‘hangout movie’, cómo no lo pensé antes! Once Upon a Time in Hollywood es la presentación de personajes fascinantes por sí mismos; no la entrega de una historia anecdótica.

Una gran obra, una obra incomprendida.

Por: Fernando Valdez

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