Soundtrack de Trainspotting, el mejor de todos los tiempos

 

“Hollywood come in… your time is up, Trainspotting is here and it’s toe-curlingly good”, decía la revista Empire antes del estreno de Trainspotting, en 1996, anunciando la llegada de un producto cinematográfico que dejaría en ridículo a las producciones hollywoodenses. Así ocurrió y Trainspotting terminó por moldear el tipo de cine que marcaría a toda una generación.

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Pero, ¿cómo es posible que una película realizada con tan sólo 2.5 millones de dólares haya podido dejar una huella indeleble en el cine y haya logrado recaudar más de 40 millones de dólares? Podríamos identificar muchas razones: la novela de Irvine Welsh que le dio vida a la película es un relato particularmente propenso a cautivar a propios y extraños; la dirección de un joven Danny Boyle que ya mostraba el talento que hoy lo tiene entre los mejores; el trabajo de Brian Tufano en la fotografía, quien trabajó con Jordan Cronenweth en Blade Runner (1982); etc.

Sin embargo, existe una razón que se levanta por encima de todas las anteriores: el soundtrack de la película. El tema principal, “Born Slippy“, de Underworld, se transformó en el himno de la juventud, de los yonkis y de la cultura underground en general. La canción fue adoptada como símbolo identitario, pues implicaba la destrucción de Hollywood (lo tradicional) y la visibilización de los olvidados (los jóvenes).

A partir de la música, Trainspotting edificó el éxito. Y es que además de Underwolrd, basta con echarle un vistazo a todos los artistas que participaron en la película para darse una idea de la especial relevancia del asunto: Damon Albarn (vocalista de Gorillaz), New Order, Iggy Pop, Lou Reed, Blur, entre otros. Suena muy parecido a la playlist que se escucha en todos los bares underground de la ciudad, esos que están ambientados con luces rojas y que funcionan mejor a partir de las 3 de la mañana.

El soundtrack de Trainspotting es el mejor de todos los tiempos porque funciona perfectamente dentro y fuera de la película, como si transportara el contexto de la ficción a la realidad (y viceversa). Hasta aquí mi reporte.

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