ROMA: El poema audiovisual de Cuarón

ROMA: El poema audiovisual de Cuarón

El día de hoy llega a nuestras pantallas una de las películas más comentadas del año que está por finalizar, no sólo por sus méritos técnicos y artísticos, todo empezó desde su caótico rodaje en la Ciudad de México y terminó con las discordias entre Netflix y Cinépolis por su exhibición. "ROMA" se ha posicionado como una de esas películas que TIENES que ver o te quedas fuera de la conversación.

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El día de hoy vamos a dejar las controversias a un lado, también omitiremos la crítica temática a la que ha sido expuesta la película, hoy vamos a hablar de los elementos audiovisuales del film, para ello, nuestro amigo Julián Baquero Galofre nos preparó un análisis después de ver la cinta en pantalla grande.

Aquí sus comentarios:

Partiendo de la simple premisa de una niñera/empleada del servicio trabajando para la madre de cuatro niños mientras su padre no está, ROMA resulta ser todo menos una visión simple de la vida.

En bandeja de plata se nos entrega una historia proveniente de la cultura mexicana y las vivencias de la infancia de Alfonso Cuarón, pero que logra captar un lenguaje universal más amplio capaz de conmover a audiencias que no hablen español o que sean ajenas a la cultura latina vista en el filme, todo esto presentado un lenguaje poético.

La poesía de ROMA no viene de los pomposos versos, ni de la construcción melancólica de la vida, ni siquiera de las largas palabras de amor que encontramos en los poemas más pegajosos.

La poesía en esta película se ve con el delicado uso de la cámara, su posicionamiento perfecto con angulaciones que hablan por sí solas, que más que una proeza técnica, es una proeza artística que logra comunicarse por medio de planos largos y bien ejecutados que nos indican que esta historia fluye con clama, como la vida misma.

De esa misma forma la composición de cada escena esta pulida como un cuadro de un pintor dominado por el poder estético, escena tras escena podemos ver que Cuarón domina a la perfección sets inmensamente grandes, con una cantidad descomunal de extras, con el mismo rigor y dedicación con el que evalúa una toma de un pequeño cuarto.

Cada espacio que se encuentra en la película ayuda a comunicarnos más y más información acerca de los personajes, sus gustos y afinidades, que poco a poco ayudan a llevarnos más y más adentro en esta historia.

Durante la experiencia de ver la película, pude notar que el diseño de sonido estuvo hecho de tal forma que en todo momento escucháramos los miles de micro diálogos que se llevan dentro de estos espacios, conversaciones ajenas con las que Cleo (Yalitza Aparicio) se topa, tanto en el hogar donde trabaja y reside como en las pobladas calles de Ciudad de México que poco a poco se tintan en humos de revolución.

De ahí viene mucha de la magia de esta película, de poder vivir más que solo la historia de nuestra protagonista y ser parte de la experiencia colectiva de ser un ciudadano más del Distrito Federal en los años setentas.

Por último, vale la pena señalar que no debemos ser engañados por el nombre de Netflix detrás de la película, pues no es una experiencia que hemos de vivir en una pantalla de un televisor, computador o celular, la escala de ROMA casi que ordena que sea vista en un teatro, tanto por las imágenes como por el sonido que trae una sala.

Si bien el título de la película hace referencia al barrio de Ciudad de México, la escala y belleza de esta obra del director de Gravedad (Gravity), es comparable a la belleza delicada de la Roma del renacimiento.

Por: @baquerogalofre

¿Qué otros aspectos resaltarías de la película? ¡Te leemos en los comentarios!

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